Corría y corría en la noche un pescador de río, gritaba y gritaba y no era escuchado, solo los animales de la selva amazónica eran sus únicos testigos, el pescador de unos 40 años, había dejado atrás su balsa en la orilla con los peces que había recolectado. Lo que lo seguía no se podía apreciar con claridad, era una sombra que reía.
La luna llena iluminaba el terreno, era imposible esconderse esa noche, pues la luna se había convertido en la delatora de aquella víctima, la luna quizás lo hacía como castigo al depredador que había osado pescar en el río, lo que si era cierto, es que el pescador había ofendido con su soberbia de no creyente al haber entrado a pescar donde moraba el terrible: “Chullachaqui”, el duende selvático que reina en la amazonia.
El pescador al ver que la sombra aun lo seguía, opto por no correr más por la orilla y se adentro en la espesura de la selva, era una decisión suicida, pues en la espesura de la selva era donde dominaba aquella entidad, el pescador al ver que la selva era oscura pensó que esta le ayudaría en algo a esconderse, el pescador camino lentamente por la maleza, los arboles cubrían la luz de la luna, de a lentos el pescador miraba cuidadosamente por donde caminar, aunque no tenía idea de cómo podría salir luego, esa parte de la gran selva era por decirlo así virgen, camino buen trecho y sintió la necesidad de apoyarse en algo, vio la rama de un árbol y la rompió para usarla de vara de apoyo, rompió la rama fuertemente, pero el árbol dio como un grito de dolor, por lo que se escucho un sonido fuerte, el demonio selvático, escucho el sonido de dolor de aquel hermano árbol y fue en búsqueda para cazar al pescador.
El pescador escuchaba la risa de aquel ser infernal, miró su reloj con la poca luz de luna y vio que este se había detenido, dándole más miedo, siguió corriendo, tiró la vara, y parecía que las plantas lo delataban cada vez que corría. El pescador retrocedió para salir pero que por extraño que esto parezca la selva lo conducía a zonas sin salidas, el hombre al ver que jamás llegaría a casa decidió por comer alguna planta venenosa o alucinógena. Por alguna gracia divina, este encontró una planta por lo que quizás era la liana de la Ayahuasca, igual daba si para sentir las alucinaciones debía hervirla, pero siendo una ocasión cercana a su muerte, le dio mordisco y en un momento empezó a tener visiones lentamente, se sentó y el Chullachaqui por fin lo había encontrado, el ser abrió su boca, el pescador reía, y miraba como la entidad lo tragaba como una serpiente anaconda que engulle a su presa, el pescador vio en el interior del demonio un cráneo con números a modo de reloj, comprendió en ese momento que la mordida a la liana le había hecho escapar de la realidad por un instante, pero lo que veía ahora no era falso, era real, ese cráneo con números, no era más que el reflejo de su muerte y el poco tiempo que le quedaba tras ser comida del Chullachaqui, quien hablaba mientras lo devoraba: Ha llegado la hora de morir.
Autor: Sinister Supay
Dibujo: Angie Gillman